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También somos padres

Se acerca el día del padre y en funeraria gijonesa también lo celebramos. Por nuestra profesión, además de la propia experiencia personal de los compañeros que lo son, todos sabemos lo que significa “ser padre” . Esa figura pilar en la vida de cada uno con la que los funerarios nos encontramos día a día. Así es, un fallecimiento implica ver padres y también hijos. Nosotros nos sentamos con ellos, escuchamos con cariño sus historias de vida, desgranamos sus sentimientos y ponemos a su servicio nuestro conocimiento y desempeño. Todo ello representa un trabajo en equipo y esfuerzos compartidos, para desarrollar celebraciones y ceremonias a medida. Siempre con la intención de cumplir los últimos deseos. Pero hoy, no hablamos de estos padres ni de esos hijos. Hoy no hablamos de los que recibimos cuando nos necesitan. Hoy queremos presentaros a los padres que prestan servicio en nuestro equipo. A todos los padres funerarios, que también son hijos, abuelos y nietos. A todos los que se mantuvieron firmes, a pesar del miedo, la incertidumbre y la escasez de Epis en plena pandemia. Hoy queremos rendir homenaje a los compañeros funerarios que ya no están, a los que sí y a los que vendrán. Por su fortaleza y su coraje. Por el valor de ser y estar para servir a otros cuando más lo necesitan. Hoy presentamos a grandes profesionales, grandes compañeros, pero por encima de todo grandes personas. Hoy los conocemos un poco más. Juan Carlos Agúndez Cimadevilla  Administrativo contable  “Estoy orgulloso de decir a qué me dedico. Y más en la empresa en la que estoy”  Once años lleva Juan Carlos en Funeraria Gijonesa (FG), y aunque ahora está en las oficinas de la calle Los Moros, como administrativo, sigue contando a sus conocidos que es funerario. Porque, como muchos de sus compañeros, él también estuvo en primera línea. Sin embargo, de aquellos tiempos se ha llevado recuerdos que llevará siempre consigo mismo, como aquella familia que le invitó a sentarse a comer con ellos. ¿Cuántos años llevas en FG?  Pues con este, 11 años. Ya son unos cuantos.  Cuéntame alguna anécdota buena que hayas vivido en Funeraria Gijonesa que recuerdes con cariño.  Bueno, pues la verdad es que bastantes, bastantes buenas experiencias. Es lo que tenemos aquí en esta familia. Es que casi todos los trabajadores, por lo menos en mi caso, empezamos desde abajo y empezamos pues recogiendo defunciones y teniendo ese trato con las familias tan cercano y que luego se pasó a la oficina. De las más cariñosas fue un funeral en la zona de Pravia. Después de hacer todo lo que es el servicio funerario de la conducción, llegar allí, esperar por el difunto para que se hiciese el entierro en el cementerio parroquial correspondiente, etc… Cuando me disponía a marchar la familia me invitó a su comida familiar. Y no hubo manera de negarme. Yo decía que tenía que marchar, era ya por la tarde, y me dijeron que si no me sentaba a comer algo en su mesa, que que no, que no podía marchar y la verdad es que fue muy agradable. Me trataron como uno más.  Además es que vosotros tratáis con la gente en momentos muy, muy delicados y vivís muchas reacciones muy complicadas, pero también muchas muy buenas. Sí, yo siempre comento lo mismo: cualquier persona puede verse sobrepasada en estos momentos. El servicio funerario, es algo que, por naturaleza, nadie quiere solicitar. No es una prestación de servicios de elección, sino que es algo que no te queda más remedio.  Todos decís en Funeraria Gijonesa que sois una familia, ¿es fundamental en esta empresa?  Pues sí, realmente algo que recalcamos y que a veces además es recurrente en cuando tenemos cursos de de protocolo, de atención a familias en los cuales normalmente trabajan, pues participamos toda la empresa, desde la floristería hasta el administrativo, el funerario o el encargado. Pues es eso, es que todos nos demos cuenta de las dificultades que tiene cada uno y las satisfacciones dentro de su labor en la empresa, como el primer mal trago que se lleva un funerario cuando recoge una defunción inesperada, lo mal que lo pasa un tramitador intentando ofrecer servicios que al final tienen un coste, sobre todo en familias que no tienen un seguro. Pero sí que es cierto que esa relación casi de familia es importantísima. También es cierto que incluso hay generaciones de trabajadores que han pasado por aquí.  También es importante para que exista esa familiaridad la estabilidad. En Funeraria Gijonesa se celebra un acto con los empleados que llevan 25 años, y no son pocos… Sí, la verdad es que yo lo agradezco. Es una cosa que valoro porque yo estuve en una empresa familiar en la cual participé. Y es fundamental el mantenimiento, siempre que puedes, del capital humano que supone un trabajador que se implica y que lleva contigo 20 años. Vamos, 10, 15, 25… Al final eso es impagable. Ya no es una cuestión de experiencia, sino de actitud. Tengo un compañero que lleva el doble que yo, otros 32 años. Ellos las han vivido de todos los colores y saben de todas.  Pasando al plano personal, ¿eres padre?  Tengo tres hijos, soy padre de familia numerosa.  ¿Cómo vive un padre el tema de trabajar en el mundo funerario? Porque me imagino que hay situaciones que os afectan más.  Bueno, sobre todo al principio. Pues sí que es cierto que te traes a casa alguna situación que solamente has visto las películas. También es cierto que yo no empecé de niño. Empecé con 37 años y con una experiencia de pasarlo mal como empresa privada. Al final pues realmente llegar a casa y ver a la familia, pues significa que el trabajo te permite desconectar. También es cierto, y aparte que yo creo que mentalmente es necesario de encontrar. Ese es el clic. Llegar a casa y desconectar.  Y encima de eso el trato con los compañeros. Al final

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Funerarias y directivas. El 8M y la mujer en funeraria Gijonesa

Hemos participado en la celebración del #8m2022 y este año no queremos perder la ocasión de presentar a nuestro equipo de directivas. Según Panasef y su radiografía del sector funerario de 2021, la mujer representa un 30,7% de ese porcentaje un 4% se encuentra en puestos directivos. Grupo fG, que engloba a Funeraria Gijonesa como empresa principal y Gijonesa de Concesiones Empresariales (servicios vinculados) estamos orgullosos de poder superar ese ratio y por eso queremos compartirlo. ¿Queréis conocerlas un poco más?  Os presentamos a parte de nuestro equipo y compartimos sus entrevistas con vosotros en este día tan especial para las mujeres. Mónica Costales – Encargada del Tanatorio de Cabueñes “Funeraria Gijonesa es una empresa que predica y practica la igualdad. Somos una familia”  Mónica Cuesta llegó hace quince años a Funeraria Gijonesa (FG), donde ha podido desarrollar la gran vocación de servicio que siempre ha tenido. Para ella, una persona que vive el sufrimiento y el dolor de las familias, un gracias es lo más bonito y grande que puede vivir desde su puesto de trabajo. También es la responsable de promoción interna. En un mundo, el funerario, donde los que observan desde fuera perciben una predominancia masculina, ella ocupa un cargo de gran responsabilidad en una empresa “donde hombres y mujeres están presentes en todos los departamentos”.  Según tu experiencia, ¿cómo se aplican los principios de igualdad en una funeraria?  Entre compañeros y jefes te lo hacen fácil. En mi empresa, porque aunque yo soy empleada, la siento como si fuera mía, tengo muy buenos compañeros, tanto hombres como mujeres. Es como una familia. En ese sentido, se lleva muy bien.  Es algo que comentáis todos, que sois una familia.  Lo decían en su día incluso los fundadores. Ellos decían que querían que fuésemos como una familia. Podían ser los dueños, pero gracias a los empleados todo sigue adelante y funciona.  ¿Qué se suele hacer en FG durante el 8M?  Solemos hacer algún gesto conmemorativo, de apoyo a la mujer y a la igualdad. Dentro de lo que es el tanatorio en la floristería, por ejemplo, hemos puesto flores con colores morados, por ejemplo. Un apoyo hacia todas las mujeres. En FG somos muchas trabajando. Y, no es por decir, pero es una empresa que predica y practica la igualdad. Llevo cerca de quince años allí y nunca vi ninguna injusticia en ese sentido.  Hay muchas mujeres trabajando en FG para lo que se suele ver en el sector.  La verdad es que, en nuestro caso, es verdad que hay mucha mujer. No sé en el caso de otras funerarias, aunque conozco a alguna mujer. Pero yo siempre lo vi en Funeraria Gijonesa, desde que entré. Y no llevo dos días aquí, llevo quince años. Siempre que tengas ganas de trabajar, de aportar, cualquier mujer sale adelante por sus propios medios.  La empresa ha instaurado el plan nacional de Igualdad recientemente. ¿Qué otras actividades relacionadas con este importante ámbito se desarrollan en la empresa?  Se hacen muchos actos y formaciones al respecto.  ¿Cúal crees que es la clave para acabar con la desigualdad en el trabajo?  Sobre todo, es cuestión de educación. Yo educo a mis hijos hacia el respeto de la persona, sea mujer u hombre. Es lo que quiero como mujer. Pienso que muchas veces el comportamiento de los hijos se debe a la educación que han recibido. El día de mañana, si mi hijo hace algo malo, me voy a echar la culpa por no haberlo educado correctamente. Quiero que sea una persona honrada y con respeto hacia los demás.  ¿Cómo llegas a FG?  Cuando me saqué el carnet de conducir, a los 18 años, llevaba a mi abuelo a la funeraria cuando tenía que dar un pésame porque él no tenía carnet. Recuerdo una vez que Tino Fano, el anterior presidente y amigo de mi abuelo, me enseñó las instalaciones y pasamos por floristería. En aquel momento dije que me encantaría trabajar aquí. Sí es verdad que lo veía todo muy guapo desde afuera. Pero es duro trabajar en una funeraria, sobre todo psicológicamente. Porque día tras día ves el dolor. Sobre todo cuando tratas con las familias, como hago yo ahora. Y cuando es ley de vida, por ejemplo un señor de 60 años al que se le murió su madre con noventa y tantos, le ves el dolor, pero es algo natural. Pero cuando viene una madre que tiene que enterrar a su hijo de 9 años, o de 16, o de 24… Los que somos padres lo sufrimos más. La única alegría es cuando te viene una familia, después de pasar lo que han pasado, y te dan las gracias por la atención. Simplemente que te den las gracias en un momento en el que no están para agradecer nada, te hace ir a casa contenta por haber ayudado de una manera u otra.  Cobra mucha importancia ser una familia para sobrellevar todo el dolor que veis, ¿no?  Sí. Yo siempre digo que somos equipo, somos una cadena, y todo tiene que salir bien por respeto a unas familias que han perdido a alguien querido. A la vez hacemos piña, hay amistades. Estamos apoyándonos en todos los sentidos: desde el físico hasta el psicológico. Porque a veces un compañero tiene que ir a recoger un niño, que es durísimo. La gente piensa que te haces a ello, pero no te haces nunca. Un niño es un niño, no se muere por ley de vida. Te apoyas en los compañeros. Paso más tiempo en Funeraria Gijonesa que en casa y me desahogo tanto con mis compañeros como en mi propia casa.  También cuando discutimos, parecemos hermanos. No somos familia de sangre, pero somos familia. Hoy discutimos y mañana estamos tan bien.  Cuéntame algún momento bonito que hayas vivido, entre tanto dolor.  Tengo muchos. El primero, lo que he dicho antes. Lo que más me alegra es cuando una familia te da las gracias. “Gracias por escucharme”, eso es lo más grande

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Cristina Boto – Gicemsa

Cristina Boto representa ese pequeño porcentaje de mujeres (aprox. 4%) que a día de hoy son directivas en el ámbito funerario. Con profunda formación en gestión financiera, así como experiencia en otros sectores, su llegada a la dirección de Gicemsa, empresa encargada de la gestión de El Café, la cafetería-restaurante de Funeraria Gijonesa, el parking del tanatorio y el servicio de floristería, supone un reto de aprendizaje en un nuevo entorno y, al mismo tiempo, una oportunidad para innovar. Llegas a una empresa grande, toda una entidad en Gijón, con más de 80 empleados y con una gran responsabilidad. ¿Cómo ves este reto? Es cierto que al principio existe ese vértigo, pero es un gran reto. Lo acepto con mucha emoción e ilusión. Es el legado de los fundadores y lo coges con mucha responsabilidad, y mi responsabilidad es cuidarlo y mimarlo todos los días aportando lo máximo de mi misma a la empresa. La primera generación funda FG. La segunda la moderniza. ¿Cuál crees que es tu papel ahora? ¿Qué te gustaría aportar? Yo creo que respetar lo que se ha hecho hasta ahora, de la forma que se ha hecho hasta ahora, pero adaptar este negocio a los tiempos que corren. ¿Cómo? Pues iremos viendo porque acabo de aterrizar. Pero tengo confianza, también porque todo el equipo me lo ha transmitido, no sólo mi madre, sino todos los trabajadores me han demostrado cariño, respeto y me han acogido muy bien. Al final todo eso te da confianza. Además vienes con una preparación muy potente y con una visión propia mucho más moderna… Sí, ayuda, pero estar aquí es como otro máster. Estoy aprendiendo mucho y, espero, que no sea por ser los primeros días, sino que sea un aprendizaje continuo. Aprender es lo que nos puede llevar a innovar. Porque hablar ahora de lo que podemos innovar o aportar… Bueno, tienes que conocer muy bien lo que haces para emprender nuevos caminos.

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Marta Villanueva – Entrevista a Directivas fG

Marta Villanueva representa ese pequeño porcentaje de mujeres (aprox. 4%) que a día de hoy son directivas en el ámbito funerario. Con profunda formación en marketing, así como experiencia en otros sectores, su llegada a la dirección de Gicemsa, empresa encargada de la gestión de El Café, la cafetería-restaurante de Funeraria Gijonesa, el parking del tanatorio y el servicio de floristería, supone un reto de aprendizaje en un nuevo entorno y, al mismo tiempo, una oportunidad para innovar. Llegas a una empresa grande, toda una entidad en Gijón, con más de 80 empleados y con una gran responsabilidad. ¿Cómo ves este reto? Al principio sientes un poco de vértigo porque, aunque es un negocio que conoces porque otras generaciones de tu familia también han trabajado en él, llegas de nuevas y tienes esa sensación de incertidumbre. Pero también es una gran oportunidad para mí, es un regalo. Te has encontrado con una empresa de filosofía muy marcada, en la que Funeraria Gijonesa se erige como una familia. ¿Ha ayudado esta situación en la acogida y en estos primeros pasos? Aquí te dan muchísima confianza, te motivan, no tenemos puertas cerradas. Nos empujan siempre a dar lo mejor. Creo que, además, Cristina Boto y yo somos muy complementarias y eso nos está haciendo más fuertes. La primera generación funda FG. La segunda la moderniza. ¿Cuál crees que es tu papel ahora? ¿Qué te gustaría aportar? Aquí te dicen que quien no lo intenta, no se equivoca. Y eso te ayuda mucho. Ellos, la dirección, te da ese respaldo para decir “puedes pensar cosas nuevas, diferentes, todo se puede intentar”. Y eso es una motivación muy fuerte para mí. Saber que tienes esa red de decir “lo intento”, quizá no salga como espero, pero por lo menos te da un buen feedback para seguir aprendiendo. FG es una organización grande y hay muchos departamentos: desde floristería hasta el mantenimiento de los vehículos, la cafetería… Incluso con un fuerte componente innovador, como decíamos antes. ¿Innovar y aportar algo diferente no es sencillo, verdad? No, pero yo creo que con un poco de investigación e intentos, siempre se puede innovar. Y aquí tenemos mucho respaldo y se nota que confían en nosotras para que podamos aportar.

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Mónica Costales – Encargada del Tanatorio de Cabueñes

“Funeraria Gijonesa es una empresa que predica y practica la igualdad. Somos una familia”  Mónica Cuesta llegó hace quince años a Funeraria Gijonesa (FG), donde ha podido desarrollar la gran vocación de servicio que siempre ha tenido. Para ella, una persona que vive el sufrimiento y el dolor de las familias, un gracias es lo más bonito y grande que puede vivir desde su puesto de trabajo. También es la responsable de promoción interna. En un mundo, el funerario, donde los que observan desde fuera perciben una predominancia masculina, ella ocupa un cargo de gran responsabilidad en una empresa “donde hombres y mujeres están presentes en todos los departamentos”.  Según tu experiencia, ¿cómo se aplican los principios de igualdad en una funeraria?  Entre compañeros y jefes te lo hacen fácil. En mi empresa, porque aunque yo soy empleada, la siento como si fuera mía, tengo muy buenos compañeros, tanto hombres como mujeres. Es como una familia. En ese sentido, se lleva muy bien.  Es algo que comentáis todos, que sois una familia.  Lo decían en su día incluso los fundadores. Ellos decían que querían que fuésemos como una familia. Podían ser los dueños, pero gracias a los empleados todo sigue adelante y funciona.  ¿Qué se suele hacer en FG durante el 8M?  Solemos hacer algún gesto conmemorativo, de apoyo a la mujer y a la igualdad. Dentro de lo que es el tanatorio en la floristería, por ejemplo, hemos puesto flores con colores morados, por ejemplo. Un apoyo hacia todas las mujeres. En FG somos muchas trabajando. Y, no es por decir, pero es una empresa que predica y practica la igualdad. Llevo cerca de quince años allí y nunca vi ninguna injusticia en ese sentido.  Hay muchas mujeres trabajando en FG para lo que se suele ver en el sector.  La verdad es que, en nuestro caso, es verdad que hay mucha mujer. No sé en el caso de otras funerarias, aunque conozco a alguna mujer. Pero yo siempre lo vi en Funeraria Gijonesa, desde que entré. Y no llevo dos días aquí, llevo quince años. Siempre que tengas ganas de trabajar, de aportar, cualquier mujer sale adelante por sus propios medios.  La empresa ha instaurado el plan nacional de Igualdad recientemente. ¿Qué otras actividades relacionadas con este importante ámbito se desarrollan en la empresa?  Se hacen muchos actos y formaciones al respecto.  ¿Cúal crees que es la clave para acabar con la desigualdad en el trabajo?  Sobre todo, es cuestión de educación. Yo educo a mis hijos hacia el respeto de la persona, sea mujer u hombre. Es lo que quiero como mujer. Pienso que muchas veces el comportamiento de los hijos se debe a la educación que han recibido. El día de mañana, si mi hijo hace algo malo, me voy a echar la culpa por no haberlo educado correctamente. Quiero que sea una persona honrada y con respeto hacia los demás.  ¿Cómo llegas a FG?  Cuando me saqué el carnet de conducir, a los 18 años, llevaba a mi abuelo a la funeraria cuando tenía que dar un pésame porque él no tenía carnet. Recuerdo una vez que Tino Fano, el anterior presidente y amigo de mi abuelo, me enseñó las instalaciones y pasamos por floristería. En aquel momento dije que me encantaría trabajar aquí. Sí es verdad que lo veía todo muy guapo desde afuera. Pero es duro trabajar en una funeraria, sobre todo psicológicamente. Porque día tras día ves el dolor. Sobre todo cuando tratas con las familias, como hago yo ahora. Y cuando es ley de vida, por ejemplo un señor de 60 años al que se le murió su madre con noventa y tantos, le ves el dolor, pero es algo natural. Pero cuando viene una madre que tiene que enterrar a su hijo de 9 años, o de 16, o de 24… Los que somos padres lo sufrimos más. La única alegría es cuando te viene una familia, después de pasar lo que han pasado, y te dan las gracias por la atención. Simplemente que te den las gracias en un momento en el que no están para agradecer nada, te hace ir a casa contenta por haber ayudado de una manera u otra.  Cobra mucha importancia ser una familia para sobrellevar todo el dolor que veis, ¿no?  Sí. Yo siempre digo que somos equipo, somos una cadena, y todo tiene que salir bien por respeto a unas familias que han perdido a alguien querido. A la vez hacemos piña, hay amistades. Estamos apoyándonos en todos los sentidos: desde el físico hasta el psicológico. Porque a veces un compañero tiene que ir a recoger un niño, que es durísimo. La gente piensa que te haces a ello, pero no te haces nunca. Un niño es un niño, no se muere por ley de vida. Te apoyas en los compañeros. Paso más tiempo en Funeraria Gijonesa que en casa y me desahogo tanto con mis compañeros como en mi propia casa.  También cuando discutimos, parecemos hermanos. No somos familia de sangre, pero somos familia. Hoy discutimos y mañana estamos tan bien.  Cuéntame algún momento bonito que hayas vivido, entre tanto dolor.  Tengo muchos. El primero, lo que he dicho antes. Lo que más me alegra es cuando una familia te da las gracias. “Gracias por escucharme”, eso es lo más grande para seguir trabajando.  Lo segundo, el compañerismo. En mi caso, cuando ascendí, tuve compañeros que me dieron la enhorabuena. Siempre me ayudan, me apoyan. Porque un ascenso es algo difícil también. Tienes que empezar casi de cero en una nueva función, aprender cosas que no sabes. Con mis compañeros me quito el sombrero porque me están apoyando muchísimo. Quiero agradecérselo a todos. Es mi última alegría, y no por el ascenso en sí. El ascenso me hizo ver que tengo unos grandes compañeros.  ¿Con ganas de llegar al reloj ‘aniversario’?  Hombre, ojalá. Todavía me quedan diez. Llevar 25 años seguidos en una empresa es increíble. Es raro ver cómo, año

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La luz de La Paz de Belén llega a Funeraria Gijonesa

Mañana a las 17:00 los scout de grupo San Jorge llevarán la luz al Tanatorio de Jove. El Tantatorio de Gijón-Cabueñes también la recibirá el mismo día. La luz de Belén permanecerá encendida en nuestros centros hasta el día 26 de Diciembre. La finalidad de ellos es compartirla con todo el que lo desee. Pueden acercarse con su vela para llevársela a su casa o contribuir a repartirla por la ciudad. El proyecto es una iniciativa de Scouts y Guías de Austria que, con la colaboración de Scouts de diferentes países de Europa y otros continentes, reparten la Luz de la Paz encendida cada año por un niño o niña austriaco en la cueva del Nacimiento de Jesús en Belén. La distribución de la Luz de la Paz a todos los países participantes se realiza desde Viena. Allí, unas semanas antes de Navidad, se reparte la Luz a todas las delegaciones asistentes para que la hagan llegar a sus respectivos países con un mensaje de Paz, Amor y Esperanza. Posteriormente, los Scouts y las Guías la distribuyen por parroquias, hogares particulares, hospitales, residencias de ancianos, prisiones y otras asociaciones de sus respectivos pueblos y ciudades.

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Compromiso de igualdad

La dirección de FUNERARÍA GIJONESA S.A. declara su compromiso con el establecimiento y desarrollo de políticas que integren la igualdad de trato y oportunidades entre mujeres y hombres, sin discriminar directa o indirectamente por razón de sexo, así como en el impulso y fomento de medidas para conseguir la igualdad real en nuestra organización, con sujeción a lo recogido en la Ley Orgánica 3/2007, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, y en el RD 901/2020, de 13 de octubre, por el que se regulan los planes de igualdad y su registro y se modifica el RD 713/2010, sobre registro y depósito de convenios y acuerdos colectivos de trabajo.Para ello, se configura el principio de igualdad entre mujeres y hombres como principio estratégico de nuestra Política Corporativa que va a ser de aplicación en todos y cada uno de los ámbitos en que se desarrolla la actividad de esta empresa. Este compromiso se va a llevar a la práctica a través del desarrollo e implantación de un plan de Igualdad, que agrupe y sistematice todas las medidas adoptadas con este propósito. El Plan incluirá los correspondientes sistemas de seguimiento, para garantizar la consecución de los objetivos de igualdad, un método de participación activa de los trabajadores y sus representantes, y finalmente, una sistemática de comunicación, para informar de todas las decisiones, planes y medidas que se adopten, y de los avances logrados. Instamos a todos los miembros de la empresa a ser parte activa en todo el proceso de elaboración del Plan de igualdad, para lo que se habilitarán los medios y mecanismos necesarios.

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Santiago Loché Gumiel – Encargado General

Santiago Loché: “Si volviera atrás, volvería a elegir este trabajo” 25 años no son nada. O al menos esa es la sensación que desprende Santiago, ‘Santi’ para sus compañeros, cuando hace un repaso por su vida en Funeraria Gijonesa. Iba para funcionario, de hecho, cuando le llamaron para entrar en la funeraria ocupaba su plaza como interino. “Pero aquella plaza estaba un poquito difícil de sacar y no pensé dos veces aceptar. En todos estos años puedo decir que nunca me he arrepentido de haber elegido este trabajo”. Un cuarto de siglo en el que ha visto pasar años, compañeros y puestos. Porque si algo le define es esa cualidad polifacética que le ha permitido pasar por todos los roles. “Comencé de conductor, pero he tocado casi todos los palos. La recogida, entierros, traslados y, al cabo de unos años, acabé siendo encargado del tanatorio. Hoy en día soy encargado general, y estoy muy orgulloso de poder decir aquello de ‘yo empecé desde abajo’”. Ese saber cómo se trabaja en cada posición de la funeraria le ha permitido tener una visión más global de cómo se organiza cada departamento y de la función de cada compañero. “De todo se aprende. Pero siempre sin perder lo más importante: estamos ahí para intentar ayudar a las familias”. No es fácil tratar de asesorar o consolar a las personas en sus momentos más duros, pero Santiago tiene muy claro su máxima, la de tratar de hacerles las cosas lo más fáciles posibles: “Que sepan que estamos ahí para ellos”. Más de dos décadas de experiencia que comparte con todo su equipo, a los que llama “familia”. Puede sonar a tópico, pero es lo primero que le sale al preguntar por el ambiente en Funeraria Gijonesa: “Una gran familia. Cada trabajador en cada puesto es un miembro más, con la directiva a la cabeza. Cuando hacemos una cena de empresa todo el mundo quiere apuntarse, y parece algo muy básico, pero también un reflejo de que estamos a gusto donde estamos”. Aunque se queda con esa parte positiva de poder ayudar, hay imágenes que tiene marcadas en la retina. La primera es la de un abuelo, “un señor muy mayor que había perdido a su nieta. Verle allí, con su bastón, buscando solo lo mejor para su nieta, es algo que todavía me emociona”. Para el segundo recuerdo no tiene que echar la vista muy atrás: “La pandemia fue muy dura porque tuvimos que explicar a muchas personas que no iban a poder despedir a sus seres queridos. Familias enteras contagiadas que no podían velar al difunto. Velatorios con solo 2 o 3 personas cuando la familia era mucho más grande. Ha habido silencios que han sido sobrecogedores”. Como todos sus compañeros, estos momentos le empujaron a hacer gala, aún más que nunca, de la profesionalidad que les caracteriza. “Fueron momentos difíciles, pero estuvimos ahí. Fuimos más conscientes que nunca de nuestro papel: Estamos para ayudar. Había restricciones, estábamos muy limitados, pero teníamos que ayudar”. Ayudar es la palabra que más se repite en toda la charla con Santiago. “Creo que es lo que más me gusta, saber que estoy ahí para ello”. Y esa acción de ayudar es de las pocas cosas que no han cambiado en todos estos años. En lo demás, casi nada es igual. Desde las tradiciones -el velatorio en casa, que sea la familia quien viste y arregla al fallecido o el incremento de las incineraciones- hasta la irrupción de las nuevas tecnologías y su enorme influencia en el contexto social. “Antes, por ejemplo, se publicaban muchísimas esquelas. Es algo que sigue haciéndose, pero en menor medida, porque gracias a Internet puedes compartirlas más fácilmente”. También ha cambiado el perfil de los compañeros, sobre todo por la irrupción de la mujer en el trabajo. Una evolución paralela a la social que permite que hoy en día ellas sean una parte más de la funeraria. “Tenemos compañeras en todos o casi todos los departamentos. No hay distinción alguna”. Una evolución que en 25 años también ha sido personal. “Algo que creo haber aprendido es que, si puedo hacer algo para hoy no lo dejo para mañana. Aprendes a valorar el momento, la familia y, en definitiva, la vida”. Porque, aunque es importante “no llevarse el trabajo a casa” es casi imposible que algunas historias no toquen de cerca. Por ello, y por todo lo vivido, Santi tiene claro que, de volver atrás, volvería a elegir el mismo trabajo: “Es un mundo a menudo desconocido pero muy interesante. Te deja muchas satisfacciones”. Quizá por eso remarca aquello de que los funerarios no están hechos de ninguna pasta especial: “Para trabajar aquí y realizar esta labor, lo único que hace falta es tener ganas de superación, empatía y estar a disposición de las familias, porque al final recibes más de lo que das”. Ganas que a Santiago le sobran para seguir unos cuantos años en Funeraria Gijonesa: “Si pudiera pedirle algo a los años que me quedan aquí sería, sin duda, seguir igual. Seguir como hasta ahora”.

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María Nélida Riopedre – Florista

María Nélida Riopedre: “Ha habido tantos momentos buenos que no puedo quedarme solo con uno” María Nélida (Nely) es florista en Funeraria Gijonesa desde hace más de dos décadas. Pero no solo ha sido florista. Y no solo es florista. Esta asturiana comenzó de limpiadora, puesto que ejerció los primeros años en la funeraria. Entonces la plantilla era más reducida que ahora, y siempre que hacía falta echar una mano en floristería, Nely estaba la primera para “arrimar el hombro”. Y así fue hasta que finalmente “se quedó” en floristería. “Fue una alegría muy grande, aunque al principio no diferenciaba un gladiolo de un clavel. Poco a poco todas las que entramos fuimos aprendiendo, primero de las más veteranas y luego ya a través de una profesora”. Tras dos décadas entre pétalos y tallos, lo de no diferenciar una flor de otra le suena a una vida pasada. Ahora, con su experiencia, trata de enseñar a los nuevos compañeros lo que hace tantos años le enseñaron a ella, poniendo la misma pasión y paciencia que pusieron en ella. “Al final es un trabajo muy agradecido porque estás rodeado de naturaleza y además es muy creativo”. Lo que más esfuerzo lleva, comenta, es la primera ‘recepción’ de las flores, cuando llegan y hay que arreglarlas, “hay que cortarles el tallo, si tienen hojas limpiarlas y ya finalmente meterlas en agua”. Un trabajo más físico de lo que se pueda suponer, pero que en estos años ha ido evolucionando: «Hemos agilizado el trabajo, ahora conocemos más técnicas que nos ayudan a ser más eficientes”. Pese a que desde su puesto en el almacén Nely no tiene contacto directo con las familias, si le preguntamos por la época más dura de la pandemia solo le salen tres palabras: “Fatal, fatal, fatal”. Y explica, “en un tanatorio, obviamente, siempre hay personas muy tristes, cierta tristeza en el ambiente. Pero con la Covid además estaba vacío, sin gente, sin vida. Era imposible no empatizar con las familias. Fue un año muy duro para todo el mundo”. Afortunadamente, también hubo momentos buenos: “Esos días en los que tú llegabas un poco más cabizbaja siempre había una compañera para sacarte una sonrisa y al revés. En ese sentido, también supimos cuidarnos entre nosotros”. El equipo una vez más, y como cada una de las veces que hablamos con un trabajador funerario, es uno de los pilares básicos en los que se sustenta todo lo demás. Precisamente, uno de esos recuerdos que a Nely “se le quedó en la retina” fue el fallecimiento de un compañero: “Llevábamos 20 años trabajando juntos. Puedes pensar que al trabajar aquí al final te inmunizas un poco, pero en la realidad todos sufrimos pérdidas que duelen muchísimo. La suya fue una muerte que me afectó sobremanera”. Algo similar pasa cuando fallece un niño. “Cuando sabemos que hay un bebé o un niño en una de las salas, después de tantos años, nos sigue afectando. Son cosas para las que nadie está preparado, y es verdad que ese día se crea un ambiente distinto en la funeraria”. Una empatía que también le ha permitido vivir momentos a los que volver cuando apetece sacar una sonrisa. “Hay tantos que no puedo quedarme con uno. Fueron muchos y además muy buenos. Recuerdo especialmente al principio, cuando empecé. Éramos un equipo muy joven y siempre había la típica travesura que te alegraba el día”. Ahora los más jóvenes son “los nuevos” que, según cuenta “llegan con una actitud positiva, con ganas de aprender, de hacer el trabajo y de dejarse aconsejar”. Un gusto de ‘pupilos’ a los que tanto ella como sus compañeros acogen de la mejor manera. Y es que hay algo distinto cuando se trabaja en un lugar en el que la muerte es protagonista tantas veces. “Aprendes a valorar los momentos. Creo que lo que más valoro es el tiempo con mi familia, tener tiempo libre para poder estar con ellos. Y para eso, claro, necesitas salud. Valorar esa salud es el otro aprendizaje que me llevo conmigo”. Aprendizajes que no le han hecho perder ni un ápice de humor, que aflora al preguntar qué espera de estos años que aún le restan hasta la jubilación. “Que pasen pronto”, contesta entre risas. Con la sinceridad y la alegría de, quien se nota, se encuentra bien en su trabajo y tiene esas ganas de todo pero, sobre todo, de vivir.

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Jose Francisco Amandi- Funeraria Valdediós

Jose Francisco Amandi: “Nuestra mayor satisfacción en cuando nos felicitan por lo bien que ha salido un servicio” Jose no había cumplido 24 años cuando comenzó a trabajar en la Funeraria Valdediós de Villaviciosa. Hoy, con 51 recién hechos, ya puede decir que lleva más de media vida asistiendo a las familias del concejo y echando una mano en cada lugar en que hiciera falta. En el concejo viven poco más de 14.000 personas, por lo que en este tanatorio de Funeraria Gijonesa los trabajadores pueden contarse con los dedos de una mano. Un reducto tan pequeño obliga a que “todos hagamos un poco de todo”. Buena cuenta de ello es que cuando le llamamos pillamos a Jose, encargado de la funeraria, fregona en mano limpiando un café. Que todos arrimen el hombro le ha permitido desempeñar distintas funciones: ha sido conductor funerario, ha asistido familias, hecho recogidas… Un multitarea para el que el último cuarto de siglo ha pasado “volando”. “Empecé joven y, de repente, un día echas la vista a atrás y han pasado 25 años”, dice. Un trabajo que le ha permitido tener esa “estabilidad laboral” que, de otra forma, en Asturias “es muy complicada”. Además, cuenta que «el funerario es un mundo que no sé explicar bien porqué, pero una vez que entras, engancha. Puede que sea por esas ganas que le pones, por ese querer que todo salga bien”. Estar enclavados en el medio rural hace que el trabajo sea “un poco diferente” a otras funerarias. Por encima de todo prima la organización. “Aquí cada compañero sabe lo que tiene que hacer en cada momento. Si necesitamos hablar las cosas, por supuesto, nos juntamos, pero en el día a día cada uno sabe su lugar”. Una coordinación necesaria con tan poco personal, pero que también les permite tener un trato mucho más cercano con sus vecinos, algo que marca la diferencia con otras funerarias más grandes. “Lo noto, por ejemplo, cuando viene alguien de fuera. Aquí la gente confía en nosotros plenamente, saben que siempre vamos a recomendarles lo mejor”, sin trampa ni cartón. Una confianza adquirida tras años de esfuerzo y compromiso. Por eso, lo que ‘peor’ se lleva es ese momento en que alguien joven fallece. “Aquí nos conocemos todos, y es duro cuando son personas jóvenes, que a lo mejor se han criado contigo o cuyos hijos ves todos los días”. Una vez más, la profesionalidad y el saber estar es lo que prima en esos momentos, que también tienen su parte agradecida. “Muchas veces te felicitan por el servicio, o aparecen al día siguiente con unos bombones para darte las gracias por lo bien que ha ido todo. En ese momento, el del deber bien hecho, creo que está la mayor satisfacción para quienes somos funerarios”. En un mundo sin teléfonos móviles, hace 25 años, era complicado hasta encontrarse. “Llevábamos un busca, y cuando entraba algún servicio ponía un número al que tenías que llamar. Si te pillaba en mitad de ninguna parte, y, sin móvil, había que ingeniárselas para encontrar un teléfono cerca que poder usar. Recuerdo que, normalmente, los había en los bares de los pueblos”. Un sistema de trabajo que revolucionó la llegada de los dispositivos portátiles, “aunque en la zona rural aún tardamos unos años en tener buena cobertura”, señala. Una barrera que en su momento supieron superar, como cada una que se ha ido sucediendo en estos años. La última, y la más grande, la pandemia que cogió a todo el planeta a contrapié, y que obligó a echar el doble de esfuerzo en cada servicio. “Afortunadamente, aquí no fue de los sitios en donde pegó más duro. Pero sí se vivió con cierta inquietud. Al final no se sabía bien ni cómo se podía transmitir, así que nos enfundábamos en las EPIs y tratábamos de hacer bien nuestro trabajo”. Con 51 años, y consciente de que aún le quedan unos cuantos años hasta jubilarse, le preguntamos por el futuro. Tras reflexionar un rato sorprende con la respuesta: “Lo dejaría todo como está. Siempre hay cosas que se pueden mejorar, está claro. Pero creo que hacemos un buen trabajo, creo que seguiría como hasta ahora”.

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